El temible pie Izquierdo

Publicado en por olindricorelatos

Hoy me he encontrado con una sorpresa que no esperaba, (suave pleonasmo). Me he levantado con el pie izquierdo. Llevaba tiempo levantándome con el pie derecho y, la verdad, estaba un poco cansada de apoyarme siempre en los mismos callos. cada mañana, al apoyar el pinrel, lo mismo, poco a poco el callo más grande. Lo bueno que tenía levantarse desde ese pie, (algo bueno tenía) , era que me apoyaba en el lado favorecido del cuerpo. De siempre, lo diestro es sinónimo de destreza, de acierto, de cordura. Lo siniestro, sin embargo, es deleznable, oscuro y retorcido. Siempre se ha dicho que levantarse con el pie derecho era una cosa buena, sin embargo, para tener un mal día, sólo tienes que levantarte con el izquierdo.

Pues hoy, me he vuelto a levantar con el pie izquierdo. Parece ser que el dedo índice ha pedido una moción de censura al cuerpo, y ha decidido que hoy, tocaba ya cambiar de pie.

Y no creo que sea malo. Este otro pie también tiene sus callos, y unos dedillos que parece que van un poco por libre, pobres ingenuos, (creo que les gustaría andar solos, sin contar con el resto del cuerpo). Es un pie con muy mala prensa, todo el mundo le acusa de ser el culpable de los males de todo un día por el mero hecho de ser el "pie izquierdo".

Pero a mi me parece que no está mal cambiar de vez en cuando de pie al levantarse, es más, hay personas que alternan los pies cada x tiempo, y eso les va bien, porque así no agrandan los callos de uno de ellos ni atrofian al otro por la falta de uso.

Yo confieso mi simpatía por ese pobre pie izquierdo, ese que da tanto miedo usar porque le han echado un mal de ojo. Pero aunque me simpatice, estoy segura de que para andar, no podría hacerlo sin el uno y sin el otro, mientras uno apoya y soporta el peso, el otro pie tiene que equilibrar el resto del cuerpo, sino, nos caeríamos. Y me da igual si nos caemos a un lado o al otro, prefiero seguir andando.

El problema a veces, con estos pies míos, tan torpones, es que llevan heridas que no cicatrizan ni por asomo, y lo peor de todo es que esas heridas nos las hemos hecho pisándonos un pie con el otro, y por tanto tropezando. En esto del andar, no estamos siendo ni diestros, ni siniestros, sino torpes.

Así que, ya que hoy ha tocado cambiar de pie, voy a ver si podemos andar un poco sin tropezar, a ver si esta vez, coordinamos el movimiento de ambos pies. Yo, pese a esa fama de mal fario, voy a celebrar que hemos amanecido con el izquierdo, y espero que todos y cada uno de los demás componentes del cuerpo, apoyen nueva andadura, en vez de pisar.

Todos tenemos una parte favorita del cuerpo, pero es de ley que necesitamos que todas esas partes se unan para avanzar.

Y si un día, decido que volvemos a levantarnos con el derecho, esperaré lo mismo. Porque se trata de andar, y a mi, para eso, me gusta usar los dos pies.

El temible pie Izquierdo
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